Queridos colombianos:
Hoy quiero comenzar expresando mi profundo pesar por lo ocurrido. Envío mis más sentidas condolencias a las familias que perdieron a sus seres queridos y toda mi solidaridad a quienes perdieron sus hogares como consecuencia del reciente terremoto. A quienes hoy atraviesan este profundo dolor quiero decirles que no están solos. Su sufrimiento nos importa y, hasta donde humanamente nos sea posible, seguiremos acompañándolos con empatía, solidaridad y todo el apoyo que esté a nuestro alcance.

Sé que no hablo solamente por mí. Muchas personas sufrimos, lloramos, nos desesperamos y sentimos una profunda impotencia al verlos atravesar tanto dolor y no poder ayudarlos de inmediato. Esta tragedia nos ha dejado una tristeza difícil de expresar, pero espero que, como sociedad, podamos acompañarnos, levantarnos y superar juntos este oscuro momento, sin olvidar jamás que la vida siempre debe estar por encima de todo lo demás.
También quiero dar gracias infinitas a todas esas personas que se sumaron a las iniciativas de donación, acompañamiento y voluntariado, en medio de todo uds demostraron lo que es ser Colombiano, la clase de personas que somos y que sin importar nuestras diferencias, tendemos la mano a quien lo necesita.

Es muy gratificante ver y sentir que existen personas de gran corazón, dispuestos a apoyar, sin esperar nada a cambio y que cada día somos mas personas empáticas, que creemos que el cambio empieza por nuestro interior y que nos preocupa el bien común. Eso me hace sentir orgulloso por que demuestra que podemos ser mejores como sociedad y existe una gran posibilidad de evolucionar hacia un país con igualdad y equidad social.
Ante una tragedia que desbordó cualquier capacidad de respuesta, el pueblo colombiano no se quedó esperando. Miles de personas donaron alimentos, agua, medicamentos, cobijas y elementos de primera necesidad; otras ofrecieron su tiempo, su trabajo, sus vehículos, sus conocimientos o ayudaron a difundir cada iniciativa. Solo en Bogotá se reunieron más de 2.300 toneladas de ayuda humanitaria, pero detrás de esa cifra hay algo todavía más grande: personas ayudando a otras personas, muchas veces sin conocerse y sin esperar ningún reconocimiento. Sin desconocer el trabajo de quienes cumplieron con su deber desde distintas organizaciones e instituciones, esta tragedia dejó una verdad imposible de ignorar: una vez más, fue el pueblo quien tendió la mano para ayudar al pueblo.

La solidaridad no debería aparecer únicamente durante las tragedias. Debemos conservarla para construir todos los días un país donde nadie tenga que enfrentar el dolor, la necesidad o el abandono en soledad.
Con profundo respeto, gratitud y esperanza,

Fredy Caballero
Emprendedores por la Vida — EPV 🫰
